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Reunión del comité científico de la Convención del Aire de Naciones Unidas

 

06/03/2018

Medio ambiente

El CIEMAT acogió el pasado 19 de febrero la reunión del comité científico de la Convención del Aire, sobre Contaminación Atmosférica Transfronteriza a Gran Distancia de Naciones Unidas (ONU-CEPE), con el propósito de definir las estrategias de acción que se propondrán al conjunto de países firmantes.

 
 

Estas estrategias están orientadas a dar apoyo científico al desarrollo de políticas eficaces que regulen las emisiones de contaminantes atmosféricos y mitiguen y reduzcan sus impactos. A la reunión asistieron los presidentes de los 17 equipos de cooperación internacional que forman parte de las dos líneas científicas de la Convención del Aire: la dedicada a emisiones y modelización atmosférica (EMEP-SB, Cooperative Programme for Monitoring and Evaluation of the Long-range Transmission of Air Pollutants in Europe  and its Steering Body, Programa de Cooperación para la Vigilancia Continua y la Evaluación del Transporte a Gran Distancia de Contaminantes Atmosféricos en Europa y su Cuerpo de Dirección) y la dedicada a los efectos sobre el medio ambiente y la salud (WGE, Working Group on Effects, Grupo de Trabajo en Efectos). Este último grupo está presidido desde 2016 por la Dra. Isaura Rábago, investigadora de la Unidad de Modelización y Ecotoxicología de la Contaminación Atmosférica del Departamento de Medio Ambiente del CIEMAT.

  

La Convención del Aire de Naciones Unidas (también conocida como Convenio de Ginebra) establece un marco de cooperación intergubernamental que facilita entre las partes firmantes intercambios de información, así como investigación y monitorización conjuntas, con el fin último de proteger al ser humano y su medio ambiente de los efectos de la contaminación atmosférica. En las decisiones de la Convención se tienen en cuenta criterios científicos, políticos y análisis de coste-beneficio. La Convención ya ha demostrado su efectividad en el pasado cosechando un gran éxito en la lucha contra la lluvia ácida en Europa, mediante la reducción de hasta un 80% de las emisiones de dióxido de azufre y la recuperación de la mayoría de los ecosistemas afectados por acidificación. Actualmente, la Convención del Aire reúne a 51 partes (entre países europeos, la propia UE, EE. UU. y Canadá) jurídicamente vinculadas a ocho protocolos diferentes que regulan la reducción de emisiones de contaminantes como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, precursores de ozono, partículas, metales pesados, compuestos orgánicos persistentes y amoniaco.

  

Mientras que los primeros protocolos desarrollados en esta Convención se centraron en acordar una reducción de emisiones considerando únicamente criterios tecnológicos y económicos, a partir de los 90 se incorpora el criterio orientado a la prevención de efectos. En 1999, con el Protocolo de Gotemburgo, se añade además el criterio multi-contaminante/multi-efecto, que dirige los esfuerzos a reducir las emisiones de conjuntos de contaminantes para reducir sus efectos agregados de acidificación, eutrofización y daños por ozono sobre los ecosistemas, los cultivos y la salud humana. Por todo esto, la Convención se ha ido nutriendo de una comunidad científica multidisciplinar, centrada tanto en la modelización y monitorización de la contaminación atmosférica como en el estudio de los efectos de esta contaminación sobre la salud humana, los ecosistemas y los materiales. La integración entre esta comunidad científica y los gestores políticos en la Convención del Aire es excepcional, ya que no sólo se ha creado una sólida base científica de manera continua e internacionalmente coordinada, sino que ésta se usa realmente como apoyo en la toma de decisiones.

  

El grupo de emisiones, modelización y evaluación (EMEP-SB) desarrolla líneas de trabajo de monitorización y modelización atmosférica, de inventarios de emisiones y proyecciones a largo plazo, y de evaluación integrada de los escenarios para reducción de emisiones. Los expertos en modelización han centrado sus esfuerzos en modelos regionales, que estiman el depósito y concentración de los contaminantes sobre amplios territorios, así como los flujos de contaminantes a larga distancia. Sin embargo hay contaminantes como el amoniaco, que contribuye a aumentar el depósito de nitrógeno y a producir partículas secundarias, que requieren una escala de trabajo de mayor resolución. La integración de los modelos regionales con modelos a escala local, y especialmente a escala urbana, será sin duda uno de los mayores retos del futuro para el grupo de EMEP-SB.

  

El grupo de efectos (WGE) se plantea seguir trabajando con un enfoque multi-contaminante/multi-efecto, incorporando las interacciones nitrógeno-ozono, el cambio climático y su impacto sobre la biodiversidad. Los contaminantes en los que se centrará la atención serán fundamentalmente los óxidos de nitrógeno y amoniaco, por ser los principales responsables de la eutrofización de los ecosistemas y de la pérdida de biodiversidad; y el ozono, pues apenas se han reducido sus niveles de fondo (aunque sí sus máximos anuales) y supone por tanto un alto riesgo de efectos sobre la salud, la vegetación y los cultivos. El WGE cuenta con una extensa red de monitorización de ecosistemas, compuesta por múltiples emplazamientos para el estudio de la dinámica de los contaminantes en los ecosistemas y sus efectos. Son fuente esencial de conocimiento para la mejora de los modelos de cargas y niveles críticos, que cuantifican la vulnerabilidad de los ecosistemas a los contaminantes atmosféricos, y resultan clave para apoyar la toma de decisiones políticas. Esta red de monitorización es una de las más completas a nivel europeo, como constata el hecho de que la nueva Directiva sobre Techos Nacionales de Emisión (EC, 2016/2284) la ha tomado como referente para el seguimiento del impacto de la contaminación atmosférica. Sin embargo, es necesario que los países miembros de la Convención sigan participando activamente, incorporando estaciones de muestreo en aquellos ecosistemas que actualmente se encuentran escasamente representados. Un reto importante será mantener y ampliar esta red, fundamental para realizar el seguimiento tanto de los impactos como de la recuperación de los ecosistemas ante la contaminación atmosférica.

  

A nivel nacional, España ratificó la Convención del Aire en 1982, y desde entonces ha ratificado los ocho Protocolos negociados en este marco. El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente lleva la representación nacional en los grupos ejecutivos (EB, Executive Body, Cuerpo Ejecutivo o de Gobierno, y WGSR, Working Group on Strategies and Review, Grupo de Trabajo en Estrategias y Revisión) e interviene en determinados grupos técnicos. En la parte científica colaboran principalmente investigadores de centros como el CSIC y el CIEMAT así como de Universidades.

  

El CIEMAT inició su actividad en esta Convención, hace más de 20 años, con la elaboración de los mapas de cargas críticas para España, que fueron utilizados para la negociación del Protocolo de Gotemburgo (1999). Desde entonces, el equipo de la Unidad de Modelización y Ecotoxicología de la Contaminación Atmosférica del CIEMAT se ha ido incorporando a gran número de grupos de trabajo tanto en modelización atmosférica como en efectos de la contaminación. En modelización, las contribuciones más destacadas están relacionadas con las evaluaciones e intercomparaciones internacionales de los modelos de química y transporte atmosférico de contaminantes a escala europea y hemisférica y el transporte intercontinental de contaminantes atmosféricos. En materia de efectos, la mayor contribución es la relativa al estudio de los efectos del ozono sobre la vegetación y cultivos mediterráneos, y sus interacciones con el depósito de contaminantes nitrogenados. Además ejerce la presidencia del WGE, y por ello coordina las actividades con el EMEP-SB y los grupos ejecutivos.

  

La historia de la Convención del Aire es una historia de éxito: no solo ha logrado la reducción de emisiones contaminantes, también ha conseguido la creación de estrechos lazos de colaboración entre la comunidad científica y los gestores políticos. De los frutos de esta colaboración, la elaboración de protocolos internacionales de control de la contaminación centrados en la prevención de sus efectos es probablemente uno de los avances más importantes en política ambiental de los últimos tiempos. Por supuesto, siguen quedando retos por cumplir: incorporar a los países del este de Europa, colaborar con países como China y del oeste asiático para el control de la contaminación a una escala hemisférica, integrar ozono-nitrógeno-clima-biodiversidad, y coordinar las políticas locales, regionales y globales para asegurar una eficacia absoluta del control de la contaminación. Estos retos marcarán las líneas de trabajo de la Convención del Aire para el horizonte 2030.

  
Reunión del comité científico de la Convención del Aire de Naciones Unidas