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Investigadora del CIEMAT en la Jornada sobre la Transición Energética organizada por el Círculo de Empresarios de Galicia

 

11/06/2019

Energías renovables y ahorro energético

A mediados de mayo, en Vigo, se celebró el Foro de Energía y Medioambiente del Círculo de Empresarios de Galicia que tuvo por título “El reto de la transición energética”. En esta Jornada participó la responsable de la División de Energías Renovables del Departamento de Energía del CIEMAT, Dra. Mercedes Ballesteros, con su ponencia “Marco estratégico de la transición energética”. El objetivo de la jornada fue abordar la transición como el cambio previsible del actual sistema energético, dirigido a la sostenibilidad y a la disponibilidad de energía de forma fiable, segura y sin interrupciones.

 
 

La Dra. Ballesteros comenzó por presentar al CIEMAT, detallando brevemente la estructura del Departamento de Energía y las líneas de actividad en las que investiga: energía solar fotovoltaica, eficiencia energética, energía eólica, biomasa, energía solar de concentración, valorización y combustión, pilas de combustible y energía nuclear.

  

En el modelo energético actual todavía el peso de los combustibles fósiles es del 80 %. Sin embargo, la Unión Europea (UE) está comprometida con el paquete de invierno: “Energía limpia para todos los europeos”, con varias directivas relativas a la eficiencia energética y a las energías renovables, y que contempla también el diseño del mercado eléctrico, la seguridad de suministro y que señaló las reglas de gobernanza de la Unión Europea en Energía. Entre los objetivos de este paquete de medidas –legislación vinculante para conseguir los objetivos climáticos y de energía de la Unión Europea para 2020-, el 20 % de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero; el porcentaje de un 20 % de energías renovables como fuente primaria en el sistema energético de la Unión Europea; y el 20 % de mejora de la eficiencia energética (en el horizonte de 2030).

  

En 2018 la Comisión Europea actualizó su hoja de ruta hacia una descarbonización de la economía, con el fin de conseguir una Unión Europea neutra en carbono en 2050.  Los objetivos fijados para 2030 por la Unión Europea son, entre otros: conseguir el 40 % de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990; que el 32 % del consumo total de energía final bruta proceda de fuentes renovables; alcanzar el 32,5 % de mejora de la eficiencia energética; y lograr un 15 % de interconexión eléctrica de los Estados Miembros de la UE.

  

Para el cumplimiento de esta hoja de ruta, el Reglamento de Gobernanza del paquete de invierno demanda a cada Estado Miembro la elaboración de un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), y una Estrategia de Bajas Emisiones a Largo Plazo (2050).  El PNIEC identifica los retos y oportunidades considerando cinco aspectos: Descarbonización –incluyendo las energías renovables-; Eficiencia energética; Seguridad energética; Mercado interior de la energía; e Investigación, innovación y competitividad.

  

En la estructura del PNIEC dos grandes bloques: un primer bloque que comprende el proceso, los objetivos nacionales, las políticas y medidas existentes y las necesarias para alcanzar los objetivos el Plan y también el análisis del impacto económico, de empleo y de beneficios sobre la salud; y un segundo bloque que integra la parte analítica, detallándose las proyecciones, tanto en el Escenario Tendencial como en el Escenario Objetivo, incluyendo las descripciones de los diferentes modelos utilizados para el análisis prospectivo –y la robustez de sus resultados-.

  

En la práctica, el modelo actual se puede descarbonizar tanto en relación con el suministro, con el empleo de tecnologías renovables y utilizando combustibles de bajo carbono; como en relación con la demanda, en el sector de transporte impulsando la movilidad sostenible; en los edificios mediante el fomento del uso de la bomba de calor; y en el sector industrial impulsando la utilización de bombas de calor de alta temperatura.  En todos los procesos la eficiencia va de la mano de la digitalización.

  

La Dra. Ballesteros se refirió a los objetivos de nuestro país, considerándolos ambiciosos pero alcanzables. Y haciendo referencias a dos aspectos importantes a considerar: la neutralidad tecnológica y la relación coste-eficiencia. Comentó igualmente que el avance de las renovables para el período 2021-2030 se espera que sea muy relevante en casi todos los sectores.  La Estrategia Nacional de Autoconsumo 2020-0230 es también alcanzable; sus principales retos: Convertir al consumidor en productos; Desarrollar las comunidades energéticas locales (autoconsumo compartido para consumidores de una misma comunidad, como puede ser el caso de un edificio, un barrio, etc.); Gestionar, por parte de terceros o según un modelo de servicios energéticos, con empresas especializadas que inviertan en instalaciones de autoconsumo y su mantenimiento, vendiendo –en condiciones más favorables para ellos- a los consumidores la energía producida.

  

En el sector del transporte queda mucho por hacer, se pretende reducir las emisiones en 28 MtCO2-eq en el periodo 2021-2030.  Para que esto se produzca tiene que darse un cambio importante, de forma que el 35 % de los pasajeros-kilómetro que hoy se desplazan mediante vehículos convencionales de combustión se pasen a otras modalidades de transporte sin emisiones (o más reducidas), como el transporte público, la bicicleta, caminar, etc.  Además, se pretende que haya un 22 % de penetración de renovables en 2030, para ello, en esa fecha se debería alcanzar la cifra de cinco millones de vehículos eléctricos y se debería haber fomentado el uso de biocarburantes avanzado.  Existe un Plan de Apoyo Integral al Sector de la Automoción 2019-2020 dotado con 562 M€. También está en marcha el Acuerdo Estratégico del Sector de la Automoción, colaboración público-privada para el impulso del sector y la atracción de nuevas inversiones.

  

Entre las principales características de las fuentes renovables, la Dra. Ballesteros destacó las siguientes: son autóctonas, pudiendo así reducir la dependencia energética externa; crean empleo local, resultando socialmente positivas; contribuyen a la diversificación energética (disminuyendo así el riesgo de un colapso energético por carencia del suministro importado o de una de las renovables); pueden ser redes distribuidas, cercanas al consumidor, reduciendo costes y pérdidas en el transporte, haciendo posible el autoconsumo; pero, como desventajas, el coste mayor al tratarse, en general, de centrales de pequeña potencia, y el que sean variables en el tiempo, exigiendo un sistema eléctrico con mayor respaldo de producción de rápida respuesta (uno de los retos es, claramente, el almacenamiento de energía).

  

Las características de las fuentes renovables de energía hacen que la entrada masiva de renovables no gestionables tengan un efecto directo sobre el funcionamiento del sistema eléctrico.  Es precisa una mayor potencia instalada total en el sistema para cubrir los momentos con bajas disponibilidades de los recursos renovables (situaciones en las que hay poco viento y poco sol), si bien esta situación podría paliarse en gran medida mediante renovables gestionables, como la energía termosolar y la biomasa.  Además habría que considerar también el uso de mecanismos de ajuste del sistema y habría que minimizar, mediante un mix adecuado de tecnologías renovables, los inevitables vertidos de energía renovable para garantizar la seguridad del sistema. Aquí es donde habría que hacer hincapié en las distintas tecnologías de almacenamiento; la ponente se refirió a distintas tecnologías: supercondensadores, volantes de inercia, baterías, bombeo hidroeléctirco (la solución más económica para el almacenamiento de grandes cantidades de energía durante largos períodos de tiempo), las pilas de combustible, el aire comprimido y la tecnología  power to gas (almacenaje del excedente eléctrico de las renovables en forma de gas natural).

  

Mercedes Ballesteros finalizó su intervención dejando en el aire algunas cuestiones, tales como: ¿podrá el sistema, con un 74 % de potencia instalada renovables, de las que el 65,8 % son no gestionables, continuar garantizando la seguridad del suministro? ¿Cómo evolucionará el almacenamiento cuyo papel es esencial para proporcionar flexibilidad y firmeza sin emisiones y reducir los vertidos?, y ¿Cómo se van a regular los servicios de flexibilidad y el mercado de capacidad?