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Luis E. Herranz durante la jornada
Luis E. Herranz durante la jornada
CIEMAT

El CIEMAT analiza el legado de Chernóbil cuatro décadas después del accidente

01/06/2026
La jornada reunió a especialistas en seguridad nuclear, dosimetría, recuperación ambiental y cultura de seguridad para reflexionar sobre las causas, consecuencias y enseñanzas del accidente ocurrido en 1986.

El CIEMAT acogió el pasado 29 de mayo la jornada ‘40 años después de Chernóbil: análisis, impacto y aprendizaje’, un encuentro que reunió a personal investigador de distintas áreas para analizar las causas del accidente nuclear de Chernóbil, sus consecuencias radiológicas y ambientales, así como las lecciones aprendidas durante estas cuatro décadas.

La jornada fue inaugurada por Pilar García Ibáñez, que también ejerció como moderadora del encuentro, y contó con las intervenciones de Luis E. Herranz, María Antonia López Ponte, Rocío Millán y Joaquín Navajas Adán.

El responsable de la Unidad de Investigación en Seguridad Nuclear de Fisión, Luis E. Herranz, explicó los factores técnicos y organizativos que condujeron al accidente de 1986. Durante su intervención destacó que la catástrofe estuvo estrechamente vinculada a las características de diseño del reactor y a una deficiente cultura de seguridad, recordando que el accidente se produjo durante la realización de un ensayo destinado a mejorar la seguridad de la instalación. Asimismo, subrayó que Chernóbil supuso un punto de inflexión para la industria nuclear internacional, impulsando importantes avances en materia de seguridad, gestión de accidentes y cooperación entre operadores.

Por su parte, la responsable de la Unidad de Dosimetría de Radiaciones, María Antonia López Ponte, abordó las consecuencias radiológicas derivadas de la liberación masiva de radionucleidos al medio ambiente y repasó la evolución de los métodos de evaluación de dosis desde 1986. La investigadora destacó cómo la experiencia de Chernóbil impulsó mejoras significativas en dosimetría, especialmente en la evaluación de dosis en población infantil, el desarrollo de protocolos de emergencia, sistemas de medición más precisos y herramientas para una respuesta rápida ante incidentes radiológicos.

La recuperación de los territorios afectados centró la intervención de la responsable de la Unidad de Conservación y Recuperación de Suelos, Rocío Millán, quien compartió su experiencia de trabajo en las zonas contaminadas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia durante los años posteriores al accidente. Millán repasó diversos proyectos europeos en los que participó el CIEMAT para desarrollar técnicas de descontaminación de suelos, control de la dispersión de partículas radiactivas y rehabilitación de terrenos agrícolas y forestales, destacando la importancia de combinar investigación, experimentación y planificación a largo plazo para favorecer la recuperación segura de las áreas afectadas.

La última ponencia corrió a cargo del investigador del Centro de Investigaciones Sociotécnicas (CISOT), Joaquín Navajas Adán, quien analizó la evolución del concepto de cultura de seguridad, surgido precisamente a raíz de las investigaciones internacionales sobre Chernóbil. Navajas explicó cómo el accidente evidenció que la seguridad de las instalaciones complejas no depende únicamente de la tecnología, sino también de factores humanos, organizativos y de gestión, una perspectiva que posteriormente se ha extendido a sectores como la aviación, la sanidad, el transporte o la ciberseguridad.

La jornada concluyó con un coloquio y una ronda de preguntas en la que se abordaron cuestiones relacionadas con la preparación ante emergencias radiológicas, la evolución de los sistemas de protección y vigilancia, la recuperación de los territorios contaminados y las diferencias entre los accidentes de Chernóbil y Fukushima. Los participantes coincidieron en señalar que, aunque los estándares de seguridad y los mecanismos de respuesta han experimentado avances muy significativos en las últimas décadas, la investigación, la cooperación internacional y la cultura de seguridad continúan siendo elementos esenciales para afrontar los desafíos asociados a la gestión de riesgos tecnológicos complejos.