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La complejidad del cambio climático
La complejidad del cambio climático
CIEMAT

La complejidad del cambio climático

25/08/2021
La tradicional dificultad analítica de esta cuestión trascendental para nuestra vida en el planeta se ha visto ahora incrementada por la irrupción de otros problemas concretos, como la pandemia, que monopolizan el foco y acaban por diluir el problema de la crisis ambiental. Hay mecanismos psicológicos que explican este efecto. Ana Muñoz, junto con Emilio Muñoz, ambos de la Unidad de Investigación Ciencia, Tecnología y Sociedad, de la Subdirección General de Relaciones institucionales y Transferencia del Conocimiento del CIEMAT, y Jesús Rey, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, han reflexionado sobre esta complejidad en un artículo publicado en Ethic.

La tradicional dificultad analítica de esta cuestión trascendental para nuestra vida en el planeta se ha visto ahora incrementada por la irrupción de otros problemas concretos, como la pandemia, que monopolizan el foco y acaban por diluir el problema de la crisis ambiental. Hay mecanismos psicológicos que explican este efecto. Ana Muñoz, junto con Emilio Muñoz, ambos de la Unidad de Investigación Ciencia, Tecnología y Sociedad, de la Subdirección General de Relaciones institucionales y Transferencia del Conocimiento del CIEMAT, y Jesús Rey, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, han reflexionado sobre esta complejidad en un artículo publicado en Ethic.

Durante el mes de agosto se han publicado los resultados del trabajo del grupo I del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), en el que dan cuenta de los efectos físicos que ha generado ya el calentamiento del planeta y los posibles escenarios a los que deberemos hacer frente en función de los gases de efecto invernadero que emita la humanidad en las próximas décadas. Las conclusiones son contundentes y preocupantes: es "inequívoco" que la humanidad "ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra", lo que ha generado "cambios generalizados y rápidos" en el planeta; esto ha generado cambios "sin precedentes" en el clima a lo largo de los últimos miles de años que, en algunos casos, serán "irreversibles" durante siglos o milenios. Entre las consecuencias directas, además de la subida de las temperaturas medias, figuran los fenómenos meteorológicos extremos.

A pesar de la gravedad de las conclusiones, que se superponen con noticias de esos fenómenos meteorológicos extremos y sus consecuencias, como son los incendios, el informe no parece haber tenido mucha repercusión social. Hay muchas razones para explicar la falta de reacción, tal y como se señala en el artículo publicado en Ethic.

Una de las principales características del cambio climático es su complejidad. Así lo acreditan tanto la amplitud de sus consecuencias ambientales y socioeconómicas -incluso sanitarias- como sus características, esencialmente interdependientes de estrategias y comportamientos institucionales, corporativos e individuales. De esta complejidad se derivan las dificultades que entrañan su análisis y su gestión. En atención a ello, su análisis entraña notables dificultades, no solo por lo intrincado de su diagnóstico, sino también por los obstáculos a los que se enfrentan los intentos para su mitigación.  

Adoptar las medidas necesarias para mitigar el cambio climático resulta difícil por varias cuestiones, como se recoge en el libro "La salud del medio ambiente. Diagnóstico y Tratamiento". Por un lado, los sistemas físicos y biológicos del planeta pro­porcionan los recursos necesarios para la subsisten­cia de las especies que viven en él, también de la nuestra. Lo que nos hace diferentes es la capaci­dad para disponer de ellos con el objetivo de satisfacer nuestras necesidades. Pero las necesidades han ido aumentando exponencialmente, hasta llegar al punto en que la demanda sobrepasa con creces la oferta. La mayor parte de las acciones que las personas lle­vamos a cabo y que producen cambios en el entorno son resultado de la actividad económica y el crecimiento exponencial ha sido un comportamiento dominante del sistema socioeconómi­co humano desde la Revolución industrial. El crecimiento exponencial produce magnitudes gigantescas de forma muy rápida. Una magnitud crece exponencialmente cuando su incremento es propor­cional a la cantidad preexistente. Por eso cada vez da magnitudes mucho mayores. El problema es que el crecimiento exponencial no puede perpetuarse en un espacio finito con recursos finitos.

Es también cierto que nos cuesta percibir que realmente existe un problema. Los seres humanos aplicamos la ley del mínimo esfuerzo a la actividad física, pero también a la cognitiva. Según esta ley, siempre que haya varias formas de lograr un objetivo, optaremos por la estrate­gia que menos esfuerzo exija. Esta estrategia hace que tendamos a procesar la información de manera heurística, es decir, utilizando atajos cognitivos. La consecuencia es que nuestro sistema cognitivo funciona de manera habitual como una máquina de saltar a las conclusiones, es decir, primero llega a una conclu­sión, y luego busca argumentos para justificarla. Por este motivo, la actitud emocional frente a cosas como la energía nuclear, los alimentos modificados genética­mente o el medio ambiente, determina las creencias sobre sus beneficios y sus riesgos. Si alguna de estas cosas nos disgusta, es probable que percibamos que los riesgos superan a los beneficios, aunque no haya evidencia real para lle­gar a esta conclusión. Por otro lado, de acuerdo con la Teoría de la Disonancia Cognitiva de Festinger, las dificultades para hacer frente a la complejidad del cambio climático generan ansiedad, fundamentalmente porque no vemos que sea fácil poner remedio y, por tanto, nuestra máquina de saltar a las conclusiones nos lleva a negar la gravedad de los sín­tomas. De hecho, se ha encontrado que los escépticos racionalizan sus dudas sobre la ciencia climática mediante tres grandes estrategias: Dudando sobre las estructuras de incentivos en la ciencia que podrían sesgar los resultados y conclusiones de la ciencia del clima; Planteando dudas sobre la precisión de los datos y modelos utilizados por los científicos del clima; y la tercera, Considerando que algunas prácticas de la ciencia y los científicos del clima son excluyentes.

Por último, la Teoría de las Perspectivas de Kahneman y Tversky nos ayuda a entender por qué no encontramos el impulso para modificar nuestras acciones. Estos psicólogos encontraron que las personas rehuimos asumir riesgos cuando las ganan­cias están aseguradas, pero los buscamos cuando es la pérdida la que está garantizada. Porque la pérdida genera aversión. Por otro lado, observaron también que somos más sensibles a los cambios que a los resultados. Esto significa que un elemento fundamental en nuestros jui­cios y decisiones es el punto de referencia del que par­timos. En consecuencia, percibimos cualquier cambio que debamos afrontar en nuestro estilo de vida como una pérdida segura y, por tanto, decidimos asumir el riesgo. Además, solemos confiar en la capacidad de adaptación de nuestra especie y las posibi­lidades que nos pueda ofrecer el desarrollo tecnológico como resultado del sesgo optimista. Este sesgo hace referencia a la tendencia, automática y, por tanto, fuera de la consciencia, a sobre estimar la probabilidad de experimentar eventos positivos en el futuro e infra estimar la probabilidad de experimentar eventos negativos.

La foto que ilustra la noticia es un recorte de una foto free de Pixabay, su autor es Leonhard Niederwimmer.