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Un estudio del CIEMAT identifica 153 fármacos en la cuenca del río Tajo y su ecosistema fluvial
La presencia de medicamentos en los ríos se ha convertido en un problema ambiental global. En las últimas décadas, la detección de estos compuestos en aguas superficiales ha llevado a las autoridades a desarrollar directivas que identifican sustancias potencialmente peligrosas para el medio acuático. Una vez liberados al entorno, algunos fármacos pueden alterar el comportamiento o la fisiología de los organismos, actuar como disruptores endocrinos o favorecer la propagación de resistencias bacterianas.
Para conocer el estado real de los ecosistemas fluviales y ampliar el alcance de los programas de monitorización, la Unidad de Contaminantes Orgánicos Persistentes y Contaminantes Emergentes en Medio Ambiente del CIEMAT ha realizado un cribado de compuestos sospechosos en muestras de agua superficial, sedimentos, peces y estaciones depuradoras mediante la técnica de cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas de alta resolución (UHPLC-QTOF HRMS), en el marco del proyecto CEMEF, financiado por MICIU/AEI.
Los resultados muestran que el 63 % de los fármacos detectados pertenecen a grupos terapéuticos de uso muy común, como medicamentos cardiovasculares, psicotrópicos -entre ellos, antidepresivos- analgésicos y tratamientos dirigidos al sistema nervioso. Destaca el papel clave de las estaciones depuradoras de aguas residuales, ya que, aunque estas eliminan parte de los contaminantes, sus efluentes siguen siendo la principal vía de entrada de medicamentos al río. Esto provoca que en el agua superficial se detecten hasta 122 productos farmacéuticos.
Además, se ha comprobado que los sedimentos y los lodos de depuradora actúan como “sumideros” de algunos compuestos, como los antihipertensivos o los antidepresivos. Este aspecto resulta especialmente relevante, ya que algunos fármacos podrían pasar desapercibidos si solo se analizara el agua superficial, lo que llevaría a subestimar su presencia y su posible transferencia a otros compartimentos ambientales, por ejemplo, a través de la aplicación de lodos como fertilizante en suelos agrícolas.
Por otro lado, aunque en los peces se detectaron menos compuestos, los autores señalan que el elevado potencial de bioacumulación de algunos de ellos amenaza la supervivencia y el equilibrio de las especies.
Este estudio pone de manifiesto que las metodologías de cribado resultan especialmente relevantes en un contexto en el que el consumo de medicamentos crece cada año y el número de nuevos compuestos en el mercado aumenta de forma constante. Más allá de describir la “huella farmacéutica” que la actividad humana deja en los ecosistemas acuáticos, esta investigación proporciona herramientas que pueden ayudar a las autoridades a anticipar riesgos y diseñar estrategias de regulación y control más eficaces para proteger la biodiversidad de los ríos.
